El Imperio Populista III: Decadencia y Final.Por Ignacio L Prieto

Desde sus inicios el Imperio Populista basó su programa en millones de promesas sobre un futuro fructífero para los más necesitados. Discurso tras discurso, los líderes populistas, con Fidel Castro a la cabeza, llenaban las mentes de ideas positivistas y que la pobreza seria finalmente revertida. Una vez que Fidel quedara postrado en una cama, este su lugar como cabeza ilustre, pasó a Hugo Chávez. Sin embargo los años pasaban y los problemas anteriores no eran resueltos. Los pobres continuaban siendo pobres, los problemas asociados a delincuencia y la inseguridad ciudadana no se resolvían y la misma corrupción administrativa que tanto vociferaban los populistas como un amargo recuerdo de la política de la derecha, no solo continuaba ahora con ellos, sino que incluso aumentaba. Tres nuevos postulados básicos aparecen ahora con más fuerza: destrucción de la oligarquía nacional, como factor de amenaza interno; la lucha contra el imperialismo norteamericano, como amenaza de tipo externa y la necesidad de defender la vida del líder supremo. Con ello se pretendía crear una opinión de crisis nacional. De repente aparecían amenazas de magnicidio, intentos de golpe de estados, sedición, etc. La complicidad de los EE UU en cualquiera de estos hechos era sin dudas una cuestión bien clara. Nadie dudaba que el proceso estaba en peligro y por eso se hacía menester defenderlo a como diera lugar. De ese modo las mayorías caían de nuevo en el juego de los populistas. Confiando ciegamente que si las promesas no llegaban, era porque esas fuerzas oscuras estaban intentado impedirlo. Sin embargo, a modo que llegaba a la cúspide de su poder, algo de momento no sale bien. Un obeso Hugo Chávez anuncia al mundo que se encontraba enfermo de cáncer. A decir verdad no era nada serio, según el mismo y por eso se lo iba a curar en Cuba. Por todas partes se hacía eco que su estado de salud estaba deteriorado, pero los acólitos del régimen, lo niegan rotundamente. Chávez muere de forma prematura e inesperada para las mayorías, dejando como sucesor a Nicolás Maduro. La turba de chavistas decide apoyar al nuevo líder, pero este dista mucho de tener el carisma de su predecesor y en medio de una crisis verdadera y no infundada, toma la desesperada decisión de atacar al pueblo. Si en un comienzo los estudiantes venezolanos no despertaran la conciencia nacional de una sociedad que se hundía sin que sus ciudadanos lo advirtieran. En Venezuela, los populistas cavaban su propia tumba. Ya no es solo hablar de miseria, escasez, y de corrupción, ahora claramente, se dispara contra los manifestantes sin el menor pudor. Ahora ya no se trata de convencer de que es el Imperialismo el que bombardea pueblos, sino solo mirar afuera y ver una tanqueta de la Guardia Nacional Bolivariana, armada hasta los dientes. Lo peor es que ante la barbarie de Venezuela, con más de 50 muertos y decenas de desaparecidos, desde que comenzaran las protestas en febrero del 2014, los otros líderes populistas han hecho mutis de silencio. No importa que la tiranía venezolana despoje de su investidura parlamentaria a María Corina Machado o encierre sin causa justificada a Leopoldo López y Antonio Ledezma. Lo único que importa es que el modelo populista ya fracaso y todo aquel que se haga su cómplice, fracasara con él. La historia de cualquier imperio siempre se analizará en tres momentos: comienzo, esplendor y decadencia. Lo bueno es que una vez que llega a la cúspide de su momento más glorioso, empiezan los primeros síntomas de su descomposición. Para dicha de los latinoamericanos, la aventura del populismo está tocando fondo.