Manifestantes se apoderan de varias ciudades libias, renuncias en la cúpula.

Los seis días de rebelión sembraron además disensos en la cúpula del régimen: el ministro de Justicia, Mustafá Abdel Yalil, renunció a su cargo.

Los manifestantes se habían hecho este lunes con el control de varias ciudades libias, tras seis días de una rebelión que dejó centenas de muertos en un país que, según el hijo de su máximo líder Muamar Kadhafi, se halla al borde de la guerra civil.

Los seis días de rebelión sembraron además disensos en la cúpula del régimen: el ministro de Justicia, Mustafá Abdel Yalil, renunció a su cargo para protestar contra “el uso excesivo de la fuerza” en la represión de las protestas, después que tres diplomáticos libios en el exterior hicieran otro tanto desde el domingo.

La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) indicó que Benghazi (la segunda ciudad libia) y Syrta, ambas en el este, “cayeron” en manos de los manifestantes y que “hay militares que se unieron al movimiento”. Testigos desmintieron sin embargo la caída de Syrta.

El propio hijo de Kadhafi, Saif al Islam, reconoció en un discurso el lunes de madrugada que en Benghazi “los tanques se desplazan conducidos por civiles” y que en Al Baida (este) “la gente tiene fusiles y numerosos depósitos de municiones fueron saqueados”.

Por otro lado, los policías de Zauia (a 60 km al oeste de Trípoli) desertaron de sus funciones el domingo y la ciudad se hallaba sumida en el caos, informaron este lunes tunecinos que huyeron de Libia, en testimonios a la AFP cerca de la frontera entre ambos países.

La FIDH, con sede en París, estimó entre 300 y 400 el número de muertos desde el inicio de la rebelión, en base a datos de organizaciones humanitarias libias.

Otra ONG, Human Right Watch (HRW, con sede en Nueva York) había evaluado previamente en 230 el número de muertos en seis días de levantamiento contra el régimen de Kadhafi, en el poder desde hace 42 años.

Los enfrentamientos llegaron el domingo a la capital, donde la multitud saqueó por la noche las instalaciones de una televisión y una radio públicas.

“Un local que albergaba a la televisión Al Jamahiriya 2 y la radio Al Shababia fue saqueado”, dijo a la AFP un testigo que pidió el anonimato.

La programación de esos medios se había visto interrumpida el domingo por la noche, pero se reanudó el lunes.

Otros testigos dieron parte del incendio de comisarías, de locales de comités revolucionarios (adeptos del poder) y de un local de reuniones oficiales en el centro de la ciudad, donde se oyeron intensos tiroteos.

“Libia está en una encrucijada”, declaró Saif al Islam en su discurso televisado. El hijo de Kadhafi acusó a los medios extranjeros de exagerar el número de víctimas -que estimó en un total de 84- pero dijo que si los libios no alcanzaban un acuerdo habrá “miles (de muertos) y ríos de sangre en toda Libia”.

“Me dirijo a vosotros por última vez antes de recurrir a las armas”, agregó, antes de advertir que Libia no es “Túnez ni Egipto”, en referencia a las revoluciones que en esos dos países provocaron este año la caída de otros longevos regímenes autoritarios.

Según Saif al Islam, los enfrentamientos son provocados por elementos libios y extranjeros que tienen por objetivo destruir la unidad del país e instaurar una república islámica.

Kadhafi no ha realizado ninguna declaración pública desde el inicio de este movimiento insurreccional, pero su hijo dijo que el jefe del régimen “dirige la batalla” desde Trípoli.

Al menos tres diplomáticos libios acreditados en el extranjero dimitieron para expresar su oposición a la feroz represión: el embajador de Libia en India, Alí al Isawi, un diplomático acreditado en China, Husein Sadiq al Musrati, y el representante de Trípoli ante la Liga Arabe, Abdel Moneim al Honi.

La situación en Libia, un país petrolero, acrecentó los temores sobre el abastecimiento de energético, y el barril de crudo se negociaba este lunes a 105 dólares, un máximo desde septiembre de 2008.

Varios países occidentales se preparaban para evacuar a sus ciudadanos de Libia, al igual que empresas, como el gigante petrolero BP. El domingo, Turquía repatrió ya a más de 500 de sus ciudadanos, algunos de los cuales declararon que fueron víctimas de actos de violencia en Benghazi.