La religión es el opio de los pueblos. Por Ignacio Prieto L.

Nos encontramos ante personas bajo los efectos del opio cuando vemos como un feligrés dona lo que no tiene para que un líder religioso viva en la opulencia.

Como todo estudiante cubano crecí escuchando la frase “la religión es el opio de los pueblos”. Tradicionalmente se le ha atribuido a Carlos Marx, pero en realidad este planteamiento no le pertenece a él, sino a Heinrich Heine. Aunque quizás fuera el “Prometeo de Tréveris”, quien mayor difusión le diera, a partir de su trabajo “La Critica a la Ideología Alemana”, escrito en 1848. En realidad Marx es entendido como un ilustre pensador o un gran crítico, pero según el entendimiento de este autor, Marx no es más sino un pésimo creador. Pongamos como base que las grandes aportaciones filosóficas del llamado marxismo no son más que soluciones eclécticas y críticas basadas en trabajos anteriores. Por ejemplo el materialismo histórico es fruto del trabajo de Feuerbach; la Dialéctica es creación de Hegel; el socialismo como sistema de justicia social existe desde Saint Simmons, Fournieres y Owen y las investigaciones sobre materia de economía pertenecen a David Richard y su escuela de economía política. Entonces, ¿qué inventó Marx? Unos dirán que el comunismo científico, pero en esencia este sistema nunca ha existido, por lo que nadie puede ser considerado el autor de lo que aún no es real.

Pero volviendo a la frase, falsamente considerada marxista, tenemos que gracias a la religión podemos tener dormida a toda una sociedad. Entendamos que los efectos conocidos del opio son ser un potente sedante o analgésico, capaz de hacer desaparecer terribles dolencias. En los finales del siglo XVIII y principios del XIX el opio era utilizado por sus propiedades para calmar los efectos sensitivos de las heridas recibidas por los soldados durante las guerras. Por lo cual, buscando el sentido filosófico, la religió ha podido mantener adormecidos a los integrantes de una nación, al punto de aceptar una verdad como cegadamente única y no entender que esta pueda ser refutada. La religión exige eso, una sumisión total a un precepto, el cual los creyentes llaman fe.

No es malo practicar y aceptar una verdad como única e irrefutable. Nunca acepté que el ideal religioso se manifestaba solo en personas de baja calidad humana o una profunda ignorancia. Cuando debatía con los exponentes del ateísmo puro en mi marxista, leninista y fidelista, Universidad de La Habana, les hacía entender que como mismo ellos acusaban a los deístas de ser cerrados de mente, estos podían pensar eso mismo de ellos, al negar de manera rotunda la existencia de Dios como una fuerza superior a la humana voluntad. De hecho el ateísmo puro no es más que una manera de vivir la religión desde la óptica de no Dios. Los comunistas, materialistas o como quieran llamarse practican otra religión basada en la misma sumisión de unas masas a las interpretaciones y liderazgos de unos pocos que se autotitulan sacerdotes exclusivos de la verdad.

El punto donde toda religión falla es explícitamente ese, donde la función de Dios pasa, por razonamientos humanoides, a un hombre en particular. La mayoría de los líderes religiosos utilizan las herramientas de su carisma para manipular y tejer mensajes distorsionados. Entonces la fe es trastocada con el fanatismo y lejos de ser un frente de humildad y amor, la religión pasa a ser eso, la manera en como una multitud de creyentes queda adormecida tras palabras hermosas, a merced de llegar a pensar que son los pocos elegidos que tienen la verdad absoluta en las manos. Nos encontramos ante personas bajo los efectos del opio cuando vemos como un feligrés dona lo que no tiene para que un líder religioso viva en la opulencia, o cuando los practicantes de religiones animistas, aun populares en Cuba y Haití, sacrifican algunos tipos de animales, para satisfacer las necesidades de los dioses. ¿Acaso no es tan poderoso ese Dios para disponer de las riquezas materiales de la tierra? ¿Por qué entonces la tremenda carga de satisfacer las necesidades de los ministros de Dios cae en manos de los creyentes? O en el peor de los casos, cuando vemos morir a un terrorista en el nombre de Alá, para vengar el ultraje que otro grupo de humanos aparentemente le han hecho a su Dios. ¿Por qué ese Dios que es toda misericordia y amor es tan molestamente celoso que no pueda entender que quienes no le conocen no puedan creerle? ¿Por qué los ateos que defienden que no existe verdad absoluta, por lo cual Dios es mentira, no reconocen que relativamente Dios si puede ser real y no es cosa de ignorantes y faltos de estudio?

No es mi tono ni mi interés hacer un discurso contra la religión, puesto que para mí tanto daño hacen los que se declaran religiosos, como los que defienden el ateísmo. En esencia solo buscan diseminar el opio que les permita oprimir libremente a las masas necesitadas de una fe. Ya sea para robarles consensualmente o para incluso obligarles a matar y morir por ellos. La religión es solo eso, un opio, una manera burda de drogar a los que necesitando de la fe, caen en manos de inescrupulosos ladrones y asesinos en potencia. Si alguien necesita de una fe para vivir, pues que viva para hallarla, y no permita que otros le digan cómo vivirla.