El sombrío “paisaje Trump” que cambió el arte de Wanda Raimundi-Ortiz

Miami, 31 ago (EFE News).- La artista multidisciplinaria neoyorquina de origen puertorriqueño Wanda Raimundi-Ortiz, reconocida por unas impactantes performances en las que combina activismo con terapia, afirma que “la ejecución de personas afroamericanas en vivo” y otros sombríos elementos del “paisaje Trump” han cambiado su arte.

Raimundi-Ortiz, que está radicada en Orlando, donde ejerce como profesora en la Universidad de Florida Central, tiene raíces afrocaribeñas y conoce el temor de “no sentirse segura” en su piel, no tanto por ella, que es de tez clara, sino por su hijo y sus “panas” (amigos) de piel oscura, según dice a Efe.

LA PIEL, UN LUGAR PELIGROSO PARA HABITAR SI ES OSCURA

“Tener la piel oscura te hace sentir en peligro”, dice tras señalar que “por sus facciones y apariencia” siempre la han “tratado un poquito mejor”, pero aun así ha “sentido ese temor de que vayan a decir: ella es blanca pero no es americana (estadounidense)”.

La artista nacida en el Bronx hace 47 años reside “a unos 30 minutos” de donde vivía Trayvon Martin, el joven estudiante afroamericano de 17 años que murió en 2012 de un disparo hecho por el vigilante George Zimmerman cuando se encontraba en un barrio cerrado visitando a unos familiares.

La justicia absolvió a Zimmerman de todos los cargos, pues el jurado aceptó su argumento de que actuó en defensa propia a pesar de que Trayvon no tenía arma alguna.

La madre de Martin, Sybrina Fulton, es una de las pioneras del movimiento “Black Lives Matter”, que ha cobrado auge este año tras la muerte de George Floyd a manos de un policía blanco en Minnesota, y todas las que han seguido y han dado lugar a protestas inéditas desde los tiempos de la segregación racial.

“Conozco bien las capacidades de hacer daño de la gente”, señala la artista en un descanso de la preparación de su nueva performance.

La última fue “Exodus”, en 2019, y nació como una manera de compensar la “injusticia” cometida con Puerto Rico y sus habitantes por el presidente de EE.UU., Donald Trump, y su Administración después de que la isla fuera asolada por el huracán María en 2017.

Para “Exodus” se vistió con los suntuosos ropajes que usa en sus performances, solo que esta vez estaban hechos con cosas que durante una visita a Puerto Rico encontró entre los escombros del huracán, desde restos de señales de tráfico hasta cintas amarillas para acotar áreas de peligro.

“Esto está lindo, si lo hubieras visto antes”, le decían cuando les preguntaba a los boricuas de la isla cómo es que todavía las cosas no se veían bien en las calles de la “isla del encanto”.

Raimundi-Ortiz habla un español sabroso lleno de puertorriqueñismos, pero se cambia al inglés cada vez que tiene que  explicar conceptos referidos a sus obras o sus opiniones políticas.

DE UN HURACÁN A LA PIEDAD

En “Pietà”, la pieza anterior a “Exodus”, la artista se inspiró en la famosa escultura de Miguel Ángel que retrata a la virgen María abrazando el cuerpo de Jesucristo muerto.

Para ello se transformó en una majestuosa figura vestida con una túnica morada, el color de la pasión de Jesús, y un manto y un tocado en forma de corona de color negro.

En la National Portrait Gallery de Washington v otros lugares estuvo simplemente abrazando a las 33 personas que voluntariamente en esta obra llena de simbolismo.

Muchas se echaban a llorar en sus brazos y ella apretaba el abrazo y solo si le daba “el impulso” les dirigía la palabra para decirles “yo te veo”, porque sentía que eran personas que iban por la vida sin ser reconocidas.

Antes hizo una serie de obras sobre “reinas” inspiradas en su madre y en sus hermanas y vestida con elaborados atuendos y enormes pelucas con alusiones a los “pelos malos” de herencia africana que tanto se estiran y alisan para parecer “buenos”.

“Los latinos también somos racistas”, dice.

DOLOR DE CORAZÓN Y FUEGO EN EL CEREBRO

Ahora Wanda Raimundi-Ortiz está en otra onda totalmente distinta y la culpa es de las muchas cosas malas ocurridas.

“Me siento desesperada por que me dejen sola, mientras proceso el dolor de mi corazón y el fuego de mi cerebro por todo lo que he visto en los últimos cinco años”, dice en inglés.

Y enumera desde la devastación de Puerto Rico y la respuesta “apática” de EE.UU, a los miles de muertos y los miles que quedaron “solos” luchando por sobrevivir en la isla, hasta los niños inmigrantes “separados de sus familias y encerrados en jaulas como animales”.

También “las vidas negras ejecutadas en tiempo real delante de nuestros ojos y la comunidad demandando justicia de nuevo”

Ante eso, Raimundi-Ortiz busca “santuario” (refugio) para “sanar las cosas que duelen” y crea nuevas obras, también pinturas y esculturas, inspiradas en su jardín, en la cuarentena de la pandemia y en su experiencia en una granja sustentable en Texas.

“Mi trabajo ha dado un giro muy acusado para alejarme de las vestiduras reales, la pompa y la ceremonia que son la marca de mi carrera”, dijo

“En el ultimo año quise disolverme entre los arboles, observar desde arriba como un halcón, proteger mi progenie y luchar para sobrevivir” y ahora mis dibujos y esculturas reflejan los que pasa “cuando te dedicas durante años a dominar la naturaleza”, una alusión al racismo en el país

“Están tratando de dominar algo que quiere ser libre” y “la naturaleza no se puede contener”, “se dobla y se retuerce” ante la presión, pero “sigue creciendo”.

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