El Imperio Populista I: La Génesis. Por Ignacio L. Prieto

Fidel Castro declaraba ante el mundo que “Cuba vive”


Recuerdo cuando en 1995, Fidel Castro declaraba ante el mundo que “Cuba vive”. Parecía que las cosas iban de mal en peor para el modelo cubano. Cursaba yo el noveno grado y en aquellos momentos creíamos que al comunismo le quedaba poco. Pero el viejo zorro sabía cosas que la mayoría de la población mundial desconocía. En medio de las grandes ventajas que nos brinda el sistema democrático, basado en la representación y el multipartidismo, la cizaña de la doctrina “roja” se iba introduciendo en la vida política latinoamericana. Nadie podía en eses entonces nombrar la palabra comunismo pues sería indudablemente un suicidio político. Aún quedaban frescas en la memoria popular la Caída del Muro de Berlín y la masacre de la Plaza Tianamen, por solo citar algunos ejemplos. Es por eso que con mucha astucia se fueron tejiendo las telas de arañas impulsarían un movimiento espontaneo que cambiaría años después a Latinoamérica. Dando pasos seguros, la dictadura cubana rescataba la celebración de los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes, una verdadera plataforma de adoctrinamiento y donde el comunismo castrista captaría los futuros líderes para sus maléficos planes. A esa cita en La Habana, en 1997, asistieron jóvenes de varias naciones latinoamericanas. Para ellos que vivían en la plena democracia, les resultaba alentador ponerse del lado del pequeño David, que resistía al gigante Goliat. Por otra parte la imagen del Che Guevara, coincidentemente cumplía tres décadas de ser ajusticiado fue realzada como si se tratara del mismo Mesías resucitado. De este modo, unos movidos por ese natural romanticismo político liberal propio de la juventud; otros ya apuntando hacia una enmarcada ambición se juntaron y se despidieron llevándose esta inolvidable experiencia a sus países de origen. Al final el discurso “antiimperialista y revolucionario”, los enroló a todos a cumplir la promesa hecha al dictador cubano, que Cuba no estaría sola. Dígase mejor, la Cuba comunista encontraría otros lugares donde exportar su ideología. Uno de ellos fue el ahora presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. De este modo se estaban asentando las bases para un propósito bien macabro. Un año después el ex Coronel Hugo R. Chávez Frías se alzaba arrolladoramente en las elecciones presidenciales de Venezuela. El país estaba sumido en una crisis moral tan grande que olvidó los antecedentes golpistas del ex militar, así como los muertos inocentes que su aventura guerrerista trajo consigo. El país andino inicio un camino hacia una reestructuración nacionalista, que para nada hacía mención de las palabras socialismo, comunismo, marxismo y tampoco parecía muy apegada a la idea de idolatrar al Che Guevara. Por aquellos momentos solo se mencionaba el ideario integracionista del Libertador Simón Bolívar, cuestión con la cual, este servidor se identifica plenamente. Incluso la Constitución de 1999, plantea una división de poderes, que además de los tres poderes clásicos como el Judicial, Ejecutivo y Legislativo, añadía otro, en este caso el Cuarto Poder, integrado por la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, el Consejo Electoral y la Contraloría. Pero una vez que Chávez se afianza en el poder, cuando la oposición se fue ahogando en sus propios intentos de detener el avance del nuevo ideario político, se desenmascaró el régimen. Luego, anunciaba ante el mundo la transformación social de Venezuela, de un estado democrático social, hacia una nación plenamente en el camino de la construcción del socialismo. Un discurso, que quedo para la historia un 17 de diciembre de 2004. A partir de allí, utilizando todos los recursos de los cuales dispuso, desde el altísimo precio del petróleo, hasta el desgaste moral de los EE UU en sus fracasadas campanas militares en Irak y Afganistán, al servicio de la expansión de su ideario. En menos de diez años, Fidel Castro había asentado las bases de lo que sería un poderoso imperio, el cual ganaba adeptos, basándose en un discurso demagógico y populista.