Ciudad de México 12/01/2026.-Por Doreen Colondres Enero suele venir acompañado de listas: lo que dejamos, lo que quitamos, lo que “no deberíamos” hacer. Entre ellas aparece el famoso Dry January. Pero más allá del mes o de la moda, hay una conversación que me interesa mucho más: cómo bebemos y por qué.
Cuando quitamos el alcohol de un cóctel, no quitamos la experiencia. La reconstruimos con zumos frescos, hierbas aromáticas, burbujas y un toque de amargor. Un buen mocktail no es un jugo. Es balance, aroma y placer… pero con intención.
En cocina lo sabemos bien: no se trata de eliminar ingredientes, sino de entender su función. Por eso me gusta pensar los mocktails como platos líquidos. Tienen estructura, textura, perfume y presentación. Se piensan, se prueban y se sirven con el mismo respeto que cualquier plato bien hecho.
Mocktails como platos líquidos
Un buen mocktail combina ácido (cítricos, hibiscus), aroma (hierbas frescas), textura (burbujas, hielo, frutas congeladas) y balance entre dulce y amargo.
Algunas combinaciones que funcionan muy bien en casa:
Zumo fresco de naranja + romero + agua con gas
Piña natural o tamarindo + limón y jengibre + menta (mi favorito)
Limón + miel + tomillo + soda
Hibiscus con agave + soda cítrica + hierbabuena
No son recetas rígidas, son ideas para ayudarte a disfrutar el proceso, porque la experiencia también vive en el tiempo que pasamos preparando estas bebidas.
Usar zumos recién exprimidos marca una diferencia enorme: más sabor, mejor aroma y mayor frescura. Además, nos permite controlar lo que bebemos — sin colorantes, sin exceso de azúcar, sin ingredientes que no hacen falta. Para endulzar, opta por miel, dátiles o frutas frescas o congeladas.
Las hierbas frescas no son solo decoración. Aportan perfume, complejidad y beneficios naturales. Un simple golpe de menta, albahaca, perejil, cilantro o romero transforma por completo una bebida.
Y luego están las burbujas. El agua con gas o la soda aportan esa sensación festiva que asociamos con brindar. Elevan la experiencia sin necesidad de alcohol.
Ojo: la presentación también importa
Un mocktail servido en una copa bonita, con hielo grande y una pequeña decoración, se siente especial. El ritual importa. Beber también entra por los ojos.
¿Y si no practicas Dry January?
También hay espacio para vinos bajos en alcohol, que naturalmente fluctúan entre 6% y 11%. Son ideales para brindar con moderación sin renunciar al placer: espumosos ligeros o frizzantes, blancos frescos de climas fríos y vinos jóvenes, sin crianza, donde la acidez y el equilibrio son protagonistas.
La clave, una vez más, no está en eliminar, sino en elegir con intención. Ya sea un mocktail bien pensado o una copa de vino de menor graduación, lo importante es disfrutar el momento, escuchar al cuerpo y celebrar con moderación y conciencia.
* Doreen Colondres es autora, chef, embajadora de vinos, creadora de lacocinanomuerde.com y fundadora de vitishouse.com. Síguela en redes: @doreencolondres
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