De Charlotte a la Casa Blanca: las mil vueltas de la convención republicana

Washington, 22 ago (EFE).- A dos días de la Convención Nacional Republicana, apenas se saben detalles sobre el evento, objeto de innumerables vaivenes en los últimos meses, aunque algo sí que se sabe seguro: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, estará omnipresente.

En un principio, era Charlotte (Carolina del Norte) la sede pensada para una tradicional convención, planes que se trastocaron con la pandemia del coronavirus.

Durante semanas, Trump estuvo peleando y presionando al gobernador del estado, el demócrata Roy Cooper, para seguir adelante con una reunión presencial.

Sin embargo, y debido a la creciente gravedad de la pandemia del coronavirus, Cooper replicó que no se podía garantizar la salud de la decena de miles de asistentes previstos en un estadio y ofreció un evento de escala reducida.

CHARLOTTE (CAROLINA DEL NORTE), NO

Trump, siempre atento a la proyección televisiva, criticó a Cooper y anunció en mayo que trasladaría el evento a otro estado por la mala imagen que daría una convención sin multitudes.

Optó, finalmente, por Jacksonville (Florida), estado con gobernador republicano, Ron DeSantis, quien prometió todas las facilidades al mandatario.

Pero de nuevo el virus se cruzó en el camino. Florida, junto con Texas y California, vive uno de los repuntes más preocupantes de contagios y muchos delegados y participantes comenzaron a expresar sus dudas.

“Debemos esperar y ver cómo se ven las cosas a finales de agosto para determinar si podemos o no reunir con seguridad a tanta gente”, advirtió Mitch McConnell, de 78 años y líder de la mayoría republicana en el Senado, en julio.

JACKSONVILLE (FLORIDA), TAMPOCO

Las autoridades locales de Jacksonville también expresaron sus reservas y el partido republicano propuso llevar a cabo el evento en un espacio al aire libre con el objetivo de garantizar la asistencia y reducir el riesgo.

Con recelo, a Trump, que en un principio restó gravedad a la crisis del coronavirus, no le quedó más remedio que cancelar también el evento de Jacksonville.

“No es el momento adecuado para tener una gran convención”, dijo en rueda de prensa a finales de julio en la Casa Blanca, en medio de un giro notable en su discurso, en el que comenzó a aparecer con mascarilla en actos públicos.

Estados Unidos se había convertido en el país con mayor saldo mortal por COVID-19, más de 170.000 fallecidos, y cinco millones de contagios.

GETTYSBURG, QUIZÁ

Con apenas un mes de margen, la improvisación y el nerviosismo se apoderó de los republicanos, en contraste con los demócratas, que habían anunciado a comienzos de verano que su convención de Milwaukee (Wisconsin) quedaba suspendida y se llevaría a cabo de modo virtual.

De nuevo Trump asumió el mando y anunció con su habitual manejo del suspenso que se barajaban dos opciones para dar el tradicional discurso de aceptación de la candidatura republicana para la reelección.

“Hemos restringido el Discurso de Aceptación de la Nominación Presidencial, que será realizado en la noche final de la convención (jueves 27 de agosto) a dos lugares: La gran batalla de Gettysburg y la Casa Blanca. Anunciaremos la decisión pronto”, señaló el pasado 10 de agosto.

La pequeña localidad de Gettysburg (Pensilvania) ocupa una de las páginas más destacadas en la historia de EE.UU. ya que en 1863 fue lugar de la batalla más sangrienta de la Guerra Civil y donde meses más tarde el entonces presidente, Abraham Lincoln, pronunció uno de sus discursos más memorables.

VUELTA FINAL A LA CASA BLANCA

Trump ya había insinuado la posibilidad de realizar el discurso desde la Casa Blanca, pero los expertos habían advertido sobre problemas legales al utilizar la sede del Ejecutivo para un acto partidista.

La pasada semana, casi en el último minuto, el mandatario tomó la decisión con la que se cerraba el círculo y culminaban meses de suspensiones, traslados, reubicaciones y planes provisionales: ofrecerá el discurso ese jueves desde la Casa Blanca.

Irá acompañado, adelantó poco después su campaña, por fuegos artificiales en el cercano Monumento a Washington en el centro de la capital estadounidense.

Alfonso Fernández