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Curazao: un crisol caribeño lleno de seducción

Por Sinai Céspedes

Willemstad, (PL) Muchos son los atractivos que convierten a Curazao, pequeña isla caribeña ubicada en el sur del mar Caribe, en un territorio peculiar y lleno de encantos, capaces de seducir al visitante.


Primero sus edificaciones. La mayoría de las viviendas e inmuebles oficiales conservan el estilo arquitectónico holandés, sello de la metrópoli a la cual pertenecieron hasta 2010, cuando se convirtieron en estado autónomo del Reino de los Países Bajos.
Construcciones con fachadas semejantes a las de ciudades de Holanda y colores muy pintorescos con preponderancia de tonos pastel, hacen de Curazao, y en especial de su capital Willemstad, un lugar peculiar.
Otro detalle característico es la cantidad de lenguas que se hablan en ese territorio de apenas 444 kilómetros cuadrados y una población superior a los 155 mil habitantes. Holandés y papiamento (mezcla de español y afro-portugués) son los idiomas oficiales, pero la mayoría domina además el español y el inglés.
Así, en cualquier establecimiento comercial, institución del gobierno y hasta en la calle uno encuentra respuesta a sus preguntas, sin esforzarse mucho.
Por otra parte, Curazao es un país multiétnico. A la mayoría descendiente de pueblos originarios principalmente del Occidente de África y de caribeños, le siguen ciudadanos oriundos de los Países Bajos.
A ese escenario variopinto se le unen numerosas comunidades foráneas, ya establecidas, entre las que destacan venezolanos, colombianos, dominicanos, Surinameses, jamaicanos, haitianos, portugueses, indios y chinos.
Toda esa mezcla resulta muy atractiva y hacen que la cultura y la gastronomía sean tan diversas como su población. Una bachata dominicana, una salsa puertorriqueña o música soul pueden ser escuchadas en diferentes plazas o centros gastronómicos, donde se degusta desde una arepa venezolana y un rico mojito cubano hasta un plato típico holandés.
Un lugar de visita obligatoria en Willemstad es el puente flotante Reina Emma, considerado el mayor de su tipo en el mundo, construido en 1888 y renovado en 1939, que se abre para permitir la entrada y salida de los buques y cruceros por la bahía.
Hecho con tablones de madera y apoyado en 16 botes flotantes de pontón, La Anciana que se Mece, como también se identifica ese mecanismo de enlace entre los barrios de Punda y Otrobanda se encuentra en reparación, por lo cual las personas se trasladan de un lado a otro por medio de un ferry con servicio gratuito.
Toda esa belleza se mezcla con la hospitalidad propia del curazoleño que saluda al caminante en cualquiera de los idiomas habituales en esta tierra, casi siempre, con una sonrisa amable y un rostro que inspira confianza.
Para sellar sus encantos, más de 40 playas con aguas cristalinas, arena fina y blanca, así como un fondo marino exclusivo seducen a quienes no quedan rendidos ante el crisol de tradiciones que es esta pequeña isla del encanto.

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