Alan Gross sera juzgado hoy en Cuba.

El fiscal pide 20 años de prisión mientras Washington exige su libertad.

Este viernes 4 de marzo Alan Gross comparecerá ante el Tribunal Provincial del Poder Popular de La Habana. En juicio deberá explicar cómo logró entrar a Cuba con varios computadores portátiles y qué fines tenía más allá de su intención de entregarlos a la comunidad judía, con el único objetivo de mejorar la comunicación con sus familiares en otros lugares del mundo.

El 3 de diciembre de 2009, Gross fue detenido. Los cuerpos de seguridad de la isla lo capturaron cuando la contrainteligencia cubana lo identificó como un supuesto espía enviado por Washington. La explicación de Gross, un hombre de 61 años, fue y ha sido la misma de Estados Unidos, una versión que desde entonces da forma a la más reciente disputa diplomática con la Isla en más de medio siglo de confrontaciones.

Cuando fue detenido, Alan Gross trabajaba para la empresa Development Alternatives (DAI), dedicada a labores de desarrollo tecnológico en diversos países del mundo. A su vez, DAI era para entonces contratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (Usaid), que a pesar de ser un organismo independiente, tiene una relación estrecha con el Departamento de Estado.

El ciudadano americano está acusado bajo el artículo 91 del código penal cubano, que señala que “quien, en interés de un Estado extranjero, ejecute un hecho con el objeto de que sufra detrimento la independencia del Estado cubano o la integridad de su territorio, incurre en sanción de privación de libertad de diez a veinte años o muerte”. Este mismo artículo suportó la detención del llamado Grupo de los 75, 75 opositores a Fidel Castro que fueron detenidos en la primavera de 2003 por supuesta conspiración contra el Estado cubano.

Para el presidente cubano, Raúl Castro, el caso Gross es una muestra más de los instrumentos de la “política de agresión” de Estados Unidos hacia la Isla, que en esta oportunidad pretendía establecer una central de información con línea directa a Washington. La Casa Blanca lo describe como “la injusticia sufrida por un hombre que estaba ayudando a aumentar el libre flujo de información de, hacia y entre el pueblo cubano”. Más allá de las versiones, el episodio ha mantenido congelada la evolución de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, uno de los objetivos que el presidente Barack Obama planteó durante su campaña.

De hecho, el caso Gross ha acalorado el tono entre los dos gobiernos y ha traído a colación la detención de cinco agentes cubanos en 1998, hoy condenados por cargos de espionaje en Estados Unidos. Al juicio del viernes, que ha producido decisiones de la administración Obama como la eliminación de restricciones para los viajes a la isla y de envíos de remesas desde Estados Unidos, podrán asistir representantes consulares norteamericanos, familiares y miembros de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana (SINA). De esta última organización y justo en 2009, aparece un cable revelado por Wikileaks en el que quedaba al descubierto la intención de apostar por la “rebeldía” de los jóvenes cubanos para renovar las filas de la disidencia “envejecida”.